miércoles, 4 de junio de 2008

Historias de Lecce

Las anteriores contribuciones a este idóneo lugar de encuentro donde caben chuckies norrises, roedoras apadrinadas y frescas bananas y melonas, elevan el listón coloidal y me obligan a forzar las neuronas por encima de su capacidad, hoy día agotadas por la química del borohidruro sódico.
Quiero felicitar personalmente a aquellos contribuyentes que han incluido una foto mía con vestimenta leopardina (menos mal que el tanga aparece sobre la mesa y no sobre mi cuerpo, que con el 3d max todo se puede...) y aunque no me aventuro a justificar mi denostada ausencia de la fiesta, si puedo confirmar que no se debió al inquietante interés por probar las prendas nuevas.

Como propio cuaderno de bitácora, me lanzo a informar sobre nuestro reciente viaje a Lecce, cuna del barroco importado de España a la península transalpina.

Día 1: después de las consabidas instrucciones para preparar un equipaje sin intención de facturar, subrayando la importancia del volumen encerrado en 100 mL, ya sean del más refinado perfume francés, del de las tendencias más in, o del flúor más verde, el Marc Ostarcevic de Palmeira se atrevió a retar no solo a las autoridades del tricornio sino también a los mismísimos Carabinieri al incluir en su quasibaul de la Piquer un desafío de más de medio litro de prohibido estado de la materia dentro de un avión.
Lo peor es que la Usun Yoon de Rianxo no quiso ser menos e incluyó unas tijeras, totalmente indetectables en el detector de metales de los aeropuertos de Peinador, Barajas y Brindisi, es decir, no uno, sino tres (qué seguridad!).
Poco puedo decir de la utilidad de los perfumes (habría que preguntárselo a la “chinchetas”, que pudo sentirse abrumada por la “atmósfera” que rodeaba al poster que atacó (vete a saber tú por qué razón...)) pero es justo salientar el preciado uso de las tijeras en el desatasque del lavabo del hotel (juzgad vosotros mismos).
CONTINUARÁ...

1 comentario:

Miguel Spuch dijo...

El Marc Ostarcevic de Palmeira volvió a retar a las autoridades de su tierra obteniendo como respuesta la lógica y esperada... todos sus botes de fluor, geles, gominas, champú... se quedaron en el aeropuerto (bueno, acabó en mi maletero, así que si alguien necesita un poco de desodorante...)